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Joven y entusiasta, el chef narra la historia de cómo una idea original se transformó en una propuesta integral de comida sana y orgánica. Los sabores e ingredientes de una cocina que, según él predice, guarda una semilla que germinará en el futuro.

Recortado sobre el rojo de unos morrones bien frescos, el verde de otras tantas verduras del huerto y el blanco de su sonrisa casi adolescente (¡sólo tiene 25 años!) Pedro calza a la perfección con la imagen que cualquiera puede hacerse de un joven envidiablemente saludable. Sí, teniendo en cuenta que estamos frente a la nueva sucursal palermitana de Natural Deli, la revelación puede sonar algo obvia, pero no por eso es menos cierta. Auténtico devoto de la comida orgánica ("que nada tiene que ver -aclara- con ser anticarne o antigrasa"), el chef cuenta que el placer por la cocina le llegó bien temprano en su Córdoba natal. "Mis padres -dice y ya se le nota esa alegre cadencia en su habla- son ambos excelentes cocineros. Aunque ella es abogada y él médico, siempre tuvieron predilección por la cocina casera. Es algo que llevamos en la sangre por una larga tradición italiana y gourmet", explica para recordar que su abuela se pasaba horas preparando la receta que luego pasó de generación en generación: la Bagna Càuda, el plato piamontés por excelencia. "Es una salsa de crema, ajo, aceite de nuez y pasta de anchoas que se come bien caliente y se acompaña de vegetales como el cardo. Un plato bien de invierno que se convirtió en una obligación anual para toda la familia", comenta. 

Fogueado con esos antecedentes, el muchacho llegó a Buenos Aires para terminar el secundario y encontrar en esa mudanza que su vocación era unívoca: "Aunque sentía algunas presiones (más mías que familiares) por seguir una carrera universitaria, enseguida confié en que tenía que darle crédito a esa ‘locura´ por la gastronomía. Recuerdo que todavía estaba en el colegio y los sábados los dedicaba íntegros a cocinar. Alguna que otra pelea provoqué con mi hermana -porque quería hacer dieta- o con mi mamá que, con razón, me aseguraba que así no había presupuesto que aguantara...", relata divertido. Luego de recibirse en la Escuela del Gato Dumas, el muchacho acumuló experiencia en distintas postas gastronómicas: el Caesar Park, el restaurante Sucre, Bar Uriarte, Buda Bar, y hasta un emprendimiento propio de pastelería gourmet. "Para esa época me contactó una amiga de la infancia y me dijo que un inglés quería armar en Argentina una cadena de restaurantes de comida sana. "‘¡Qué embole´, dije yo y enseguida comencé a pensar a quién podía interesarle". Pero lo conocí a Mike (el británico en cuestión), y me di cuenta de lo integral de la propuesta. Yo sólo había imaginado acelgas hervidas... pero había mucho más. Mike es un personaje: geólogo diplomado de Oxford y un apasionado total de este proyecto", cuenta Pedro. 

Y hoy el chef ve cómo esta incipiente cadena (que ya tiene dos locales, uno en Las Cañitas y otro en Barrio Norte) lo ayudó a definir su propio estilo: "Desde el momento en que empecé a trabajar con azúcar, harina o miel orgánica me di cuenta del enorme cambio que hay detrás de estos productos sin químicos. Uso una cantidad de ingredientes que no había visto en mi vida: la quinua, el amaranto, el arroz de maní o incluso la chia, una semilla que tiene más Omega 3, 6 y 9 que cualquier otro alimento", afirma entusiasmado. 

Acto seguido, rescata que el hecho de contar allí mismo con almacén propio y una nutricionista que resuelve consultas del público, ayuda a barrer con varios de los mitos que rodean la etiqueta ‘comida sana´. "Acá hay opciones para veganos (el veganismo es una filosofía de vida basada en el respeto hacia los animales y en el no consumo de ningún producto derivado de los mismos), pero también platos con carne y con pollo. Mucha gente ignora que orgánico significa producto libre de químicos, no cocina vegetariana ni macrobiótica". Antes de despedirse corta al medio un muffin de la mesa y explica: "Este es el desafío: que el cliente vea que detrás de esta ‘Magdalena´ hay en realidad un combinado muy nutritivo de harina de amaranto, aceite de canola, coco, manzanas frescas, nueces, ciruelas... En realidad, además de avanzar en la comunicación deberíamos lograr una más eficiente y completa producción local. Si bien en la mayoría de los asuntos gastronómicos Argentina está a la par del mundo, en lo que se refiere a este tipo de cocina es increíble lo atrasado que estamos. Pero ya llegará. La comida natural es el futuro, de eso no tengo dudas", remata. 




 

 
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